lunes, 14 de mayo de 2018

Crónica: Kamasi Washington 'Heaven and Earth Tour'


Así se presenta Kamasi Washington en Heaven and Earth



Lugar: Sala La Riviera. Madrid.
Fecha: 13 de mayo de 2018. 21:00 horas
Aforo completo

Kamasi Washington: saxo tenor
Miles Mosley: bajo
Ryan Porter: trombón
Brandon Coleman: teclados
Rickey Washington: saxo soprano; flauta
Patrice Quinn: voz
Tony Austin y Robert Miller: Baterías, percusión



Aquel saxo tenor que sonaba en To Pimp a Butterly, el álbum que publicó el recientemente nombrado premio Pulitzer, Kendrick Lamar, estaba aún tomando fuerza en los mentideros del jazz cuando ese mismo año (2015) Kamashi Washington publicó su exorbitante ópera prima, The Epic, donde todo era excesivo y nada sobraba.

En 2017, con Harmony of Difference, quedó claro que aquel crisol de géneros y sentimientos no fue un espejismo, consagrando a Washington como el músico de referencia que es hoy. Tanto es así que no había más que echar un vistazo al entregado público que asistió al concierto en la sala La Riviera: ecléctico y colmado de anticipación.

La excusa fue la presentación de su tercer trabajo, Heaven and Earth, que se publicará en unos días. La realidad era que Madrid ansiaba recibir a Kamasi Washington en la forma y manera que éste quisiera. Y así pareció comprenderlo el saxofonista y compositor californiano, que ofreció un concierto vibrante a través de composiciones clave de su carrera musical.

«Estos músicos son genios», fue la presentación del septeto que compuso la banda, con un comienzo muy potente que pareció recaer en el funk a muerte de Mosley y Porter, con sus juegos de efectos en bajo y trombón. Pero aquello sólo fue el aperitivo, porque el primer solo del líder desplegó la voz imperante, incansable, creando una transición de vuelta a la melodía (sin soltar el saxo en al menos 10 minutos), acompañado por una seccción rítmica ciclópea: el fuerte musical estaba flanqueado por dos torres de batería y percusión que ofrecieron un interesante duelo a mitad de concierto pero, como es preceptivo, sin hacer sombra pese a su teórica superioridad a la constante melódica que recayó en voz y vientos.

Algo que debemos tener en mente es que Kamashi Washington no es sólo un músico relevante, sino una personalidad de positiva influencia. Su discurso no es sólo musical; es vital. Sus partituras marcan trazos de quién es, de lo que busca y, sobre todo, de la naturaleza de la impronta que desea dejar.

No hay límites en su proceso creativo: su capacidad como compositor sigue floreciendo, pero sus inspiraciones son vastas, y dio prueba de ello en el concierto.

En esa búsqueda constante se ubica el haber retenido consigo a lo largo de su vida sus dibujos animados favoritos, Charlie Brown, y terminar componiendo una de sus melodías fetiche, Leroy and Lanisha, para homenajear a Linus y Lucy. Tiene todo el sentido que eligiera este tema para presentar al músico invitado: "papa", o séase, Rickey Washington. Si el optimista swing de Leroy and Lanisha ya fue motivo de gozo en su publicación en The Epic, es complicado describir esta versión en directo, máxime después de que se invirtieran los papeles y fuera el público quien cantara. Fue el cumpleaños feliz al padre de Kamasi Washington (y he de añadir aquí "y a Rickey Washington", pues demostró su derecho a tomar ese escenario con su saxo soprano y flauta). 

La reivindicación es otro rasgo importante en este músico y en este hombre. Por ello avisó que uno de sus temas favoritos es Black Man, composición de su teclista, Brandon Coleman, con Patrice Quinn interpretando la letra que ella misma había creado.

Pero la curiosidad del músico sigue (como debe) avanzando. Quizá los dos hitos del concierto fueron su oda Fists of Fury, adelanto de su nuevo álbum y homenaje al tema de la película homónima protagonizada por Bruce Lee; y Truth, el talismán de su segundo álbum; una melodía que integra sus propias tablas de la ley, pues nos recordó de nuevo que esta verdad no puede tener lugar sin integridad, sin conocimiento... un conocimiento que se nos presento en un caleidoscopio de géneros, con transiciones sorprendentes hacia ritmos latinos. La transformación y la integración constantes de las transformaciones de Truth transmitieron una dignidad musical conmovedora. Porque la verdad puede ser recitada en cualquier género, ritmo y circunstancia.


© Mirian Arbalejo





jueves, 10 de mayo de 2018

Essentially Ellington 2018. Ellington a través del talento de los adolescentes






Como cada mayo, llega nuestra fiesta favorita del año.

Desde hoy hasta el domingo se celebra la vigésima tercera edición de Essentially Ellington, el concurso-festival en el que las bandas de instituto finalistas celebrarán el legado de Duke Ellington.

Ya han llegado a Jazz At Lincoln Center, donde esta tarde presenciarán un ensayo de la orquesta que dirige Wynton Marsalis.







Mañana pasarán el testigo a las bandas que han logrado ser seleccionadas para la competición.


Por suerte podremos ser testigos del esfuerzo de estos jóvenes, que han ensayado sin descanso para formar parte de esta edición de Essentially Ellington. Trabajo, pasión y talento son tres pilares que jamás han faltado hasta la fecha.



Os espero aquí para seguir el festival-competición, y nos vemos en redes sociales con el hashtag #Ellington18























martes, 1 de mayo de 2018

Entornos [más] justos. Espacios [más] seguros. El código de conducta del colectivo 'We Have Voice'






Terminaba 2017 cuando se creó el colectivo We Have Voice. En él un grupo de mujeres relacionadas con el jazz escribía una carta abierta enfocada a acabar con la discriminación y el abuso sexual, invitándonos a firmar para comprometernos con una cultura equitativa. Medio año y casi mil firmas después, el colectivo hace hoy público un código de conducta en el que ha estado trabajando con prolija dedicación.

Este código se presenta sobre dos pilares: definiciones y compromisos.

El hecho de que ofrecer definiciones sobre consentimiento y abuso sea tan categóricamente necesario debería responder a un chasquido de vuelta a la vigilia para quien aún ande desorientado sobre realidades vitalmente fundamentales.

Esta última semana en España ha sido doloroso comprobar que, en efecto, no sólo la consideración de qué es consentimiento sino, directamente, la de violación es interpretable a efectos legales, dependiendo por tanto de la visión de un individuo por carecer la ley de una definición rotunda, completa e indubitable.

De modo que, efectivamente, para llevar a cabo los compromisos parece claro que necesitamos antes dichas definiciones.

Tomando como ejemplo la esencial comprensión de lo que implica consentimiento, el código nos ofrece esta definición:


El consentimiento es un acuerdo claro y carente de ambigüedad para participar en una actividad concreta. Se expresa por medio de acciones o palabras mutuamente comprensibles. El consentimiento es recíproco y no se obtiene a la fuerza. Lo menores por el hecho de serlo no pueden ofrecer consentimiento. Alguien sin su plena capacidad debido al alcohol, drogas o cualquier otra sustancia no es capaz de ofrecer su consentimiento. Añade a continuación cómo la dinámica de poder, el abuso de una posición de superioridad (ya sea física, institucional, económica...) impacta directamente en la posibilidad de ofrecer consentimiento.

Aporta otras definiciones como acoso o —y esto también merece nuestra reflexión— entorno de trabajo. De hecho la comprensión de este hecho es fundamental para el colectivo:



Un entorno más seguro es un espacio (físico o virtual) equilibrado y saludable donde todo individuo se siente respetado y valorado independientemente de su sexo, edad, inclinación sexual, raza, cultura, posición social, nivel económico, religión o grado de (dis)capacidad.


En este punto, hemos de recordar que el colectivo ofrece las herramientas para evitar abuso o discriminación (tema que ya hemos confrontado aquí anteriormente) para que así podamos comprometernos a llevarlo a cabo.

Apenas han pasado unas horas y ya se han adscrito al código de conducta el Festival de Jazz de Invierno de Nueva York (WINTER JAZZFEST NYC), Bloodshot Records, Greenleaf Music, Hyde Park Jazz Festival, National Jazz Museum in Harlem, New York Jazz Workshop, The New School: School of Jazz and Contemporary Music o el sello discográfico Biophilia Records.






La idea es por tanto promover un compromiso con lo debería ser la norma: igualdad y seguridad para el desarrollo de las artes en todas sus expresiones (la artística, por supuesto, pero también la gestión, curación o divulgación, por poner algunos ejemplos). Es tan sencillo como descargar de la página tanto el código como el logo y hacerlos visibles en clubes, festivales, oficinas, escuelas, redacciones, estudios de grabación, etc.

Debería suponernos algo sencillo comprometernos a no tener tolerancia con actitudes inaceptables. Deseo una respuesta masiva.




Mirian Arbalejo