jueves, 7 de marzo de 2019

Mujeres (una perspectiva histórica) y Música (un presente adverso)








«De entre todo cuanto posee aliento y raciocinio, las mujeres somos la criatura más desgraciada»




Resulta un reto estimulante que el lector trate de ubicar temporalmente la autoría de esta frase sin dar un contexto. ¿Exagerada? ¿Acertada? ¿Depende?


Efectivamente, el contexto importa: da profundidad y sentido.


Esta confesión sale de los labios de Medea en la versión de Eurípides. Fue escrita en el siglo V a. C.

Medea es posiblemente la tragedia «de la venganza» por excelencia, pero no es en absoluto la única temática de peso que trata. De hecho, muy a menudo se olvida que la semilla de la tragedia es un sentimiento que se compartirá en todas y cada una de las tragedias (y comedias) clásicas protagonizadas por mujeres: la frustración.


La capacidad artística y humana de describir esta frustración hace 2.500 años es abrumadora: frustradas las mujeres troyanas, tratadas como botín de guerra; frustrada Antígona por la injusticia y el abuso de poder; Clitemnestra, convirtiendo la frustración en despecho y venganza; Lisístrata, hastiada del impuesto papel a las mujeres…


El arte es siempre reflejo de las realidades humanas, y esa mímesis de la vida y el género trágico es evidente para Aristóteles en su Poética. Las complejas y diversas situaciones a que una mujer se enfrentaba en la Grecia clásica dependiendo de la polis en que le tocara vivir, su nacimiento y limitada capacidad de decisión se ha transmitido con claridad. Como en toda época, conocemos los nombres de aquellas que desafiaron lo establecido o que debido a su origen podían ponerse el mundo por montera —valga el anacronismo— pero serán las excepciones a la norma.


Para trascender esta realidad hay que recurrir a la mitología, que sí ofrece un panteón de deidades femeninas que en ocasiones lograban alcanzar la realización, la capacidad de decisión y el uso del poder.


En Artemisa (la Diana latina), diosa cazadora, se han inspirado siete mujeres que lideran sus propios grupos de jazz; profesionales del más alto nivel que han formado el septeto Artemis. Se trata nada menos que de Cécile McLorin Salvant (voz), Anat Cohen (clarinete), Melissa Aldana (saxo), Ingrid Jensen (trompeta), Noriko Ueda (contrabajo), Allison Miller (batería) y Renee Rosnes (piano y dirección artística). Si sus trabajos como líderes son espectaculares, este grupo se acerca a lo artísticamente trascendental, de modo que responder al nombre de una deidad, aunque buscando otra lectura, es ciertamente acertado para el oyente. De hecho, para cualquier mujer involucrada profesionalmente en el mundo del jazz este tipo de logro y reconocimiento público roza prácticamente la categoría de milagro.


Hace un par de años conocimos esta misma formación en algunos festivales con el nombre Woman to Woman. ¿Era condescendiente esta definición? Sin duda: nos sentiríamos descolocados si grandes músicos hombres presentaran una agrupación llamada Man to Man y que esta expresión no se refiriese al proyecto sino a su género sexual. ¿Era un paso necesario? Posiblemente. Es de suponer, al menos basándonos en razones estadísticas, que esta música excepcional consiguiera el interés y la reflexión de muchos respecto a la atención que recibe la música hecha por grandes intérpretes que no son hombres, a las programaciones de los festivales y, con suerte, al desempeño de la profesión en todos sus campos.


Pese a ello, Artemis es una excepción. Si los proyectos liderados por mujeres raramente son promocionados como un evento prioritario en un escenario, que uno formado en su totalidad por músicas llegue a hacerlo no debería responder a una curiosidad del público que no estuviera basada en razones artísticas. En una entrevista a NPR, el grupo se pregunta exactamente eso: si llegará el día en que el comentario que venga de fuera del escenario no sea ese sorprendido «oh, son todas mujeres». Y es cierto. No nos llama la atención un grupo de hombres tocando.

Las razones por las que las mujeres encuentran escollos en su proyección profesional son una mezcla de la realidad externa (el tiempo y lugar que les ha tocado vivir) e intrínseca (con las llamativas variables de cada entorno en el mundo del jazz).


Han pasado más de treinta años y la pianista y compositora Renee Rosnes no olvida que cuando hizo su debut en el cuarteto de Joe Henderson, en la reseña del New York Times el autor hizo una referencia a Rosnes: que se había enamorado de ella; desgraciadamente no se refería a un sentido artístico.


Esta incapacidad de ver lo evidente aún existe; la de estar ante un hombre y reconocer al artista pero hacer una distinción sexual cuando la artista es una mujer.


En España sucede además una circunstancia tristemente irónica: la de tratarse un país que, con honrosas excepciones, desatiende el jazz en cada una de sus manifestaciones pero es la cuna de numerosos artistas, mujeres y hombres, de calidad extraordinaria.


Mucho podríamos hablar sobre los festivales de jazz españoles, pero si queremos hoy centramos en materia de igualdad (igualdad de talento), suspenden todos. Y no, no sucede igual en el resto del planeta. ¿Cuántas intérpretes y compositoras extraordinarias consiguen que sus proyectos sean protagonistas en los carteles de los festivales de jazz de nuestro país? Raro es que llegue al 8%. Y la norma son cifras peores.


En esta realidad encontré necesario pedir un encuentro con el festival de jazz de mi ciudad, Madrid, para conversar sobre logros y yerros en materia de igualdad. En su representante, Concha Hernández, encontré un interlocutora interesada y comprometida que me ayudó a llenar ciertas lagunas que debemos tener en cuenta. Probablemente la más importante de todas sea la irónica cuestión de que existe una Ley de Igualdad que no se cumple.


Por mi parte quise compartir dos herramientas a las que desearía que recurriéramos.


La primera es KEYCHANGE, una iniciativa internacional que busca que el talento musical no reciba discriminación. Su meta es lograr que en los festivales y eventos musicales la presencia de artistas de diferente sexo sea la misma. El listado de organizaciones comprometidas es realmente remarcable: desde los Proms de la BBC hasta el BIME. Sí, él es uno de los eventos musicales españoles que han decidido formar parte de KEYCHANGE; y el listado de los festivales de jazz de otros países conforma un porcentaje apabullante. Algunos ejemplos: EFG London Jazz Festival, NYC Winter Jazzfest, Jazz i parken, Jazzfest Berlin Manchester Jazz Festival, Cheltenham Jazz Festival, Enjoy Jazz, Umeå Jazz Festival y un largo etcétera.









La otra herramienta es el colectivo We Have Voice, sobre cuyo código de conducta ya he escrito en más de una ocasión. Resulta llamativo que se reivindique algo tan sencillo como la creación de entornos de trabajo más justos y más seguros, promoviendo un compromiso que debería ser la norma: igualdad y seguridad para el desarrollo de las artes en todas sus expresiones; la artística, por supuesto, pero también la gestión, la curación o divulgación, por nombrar otras facetas que merecen atención urgente, pero el hecho de que haga falta llevarlo a cabo es realmente la reflexión más importante de todas

A fecha de la publicación de este artículo ningún festival de jazz español forma aún parte de estas iniciativas.


He rectificado más veces de las que me hacen sentir cómoda las trasnochadas e irreales aseveraciones de que no hay casi mujeres en mundo del jazz (o directamente que el jazz no es un mundo para mujeres). Esto, claro está, nunca lo he escuchado de ninguna persona involucrada activamente en este mundo; sin embargo la idea sigue fuera de él.

Así que hoy vuelvo a invitaros a que penséis en vuestra compositora favorita y en la intérprete: la instrumentista, la vocalista, la multiinstrumentista. En la arreglista, la docente, la crítica, la locutora, la divulgadora, la fotógrafa... En todas y cada una de las figuras de un caleidoscopio que anhela una imagen de normalidad, de búsqueda de la belleza y abandono de la frustración.







Texto y traducción del griego © Mirian Arbalejo





domingo, 3 de marzo de 2019

Ira Gitler, testigo de excepción



Ira Gitler con Dexter Gordon (© Mary Jo Schwalbach Gitler)


Da igual cuántos libros haya leído sobre jazz, estoy convencida de que he aprendido mucho más con las notas de los discos. Es agridulce pensar en ellas, en esas palabras que acompañaban una obra musical y le daban contexto, nos empujaban hacia una experiencia mejor, formaban, informaban, completaban... 

Raro es encontrar un disco con notas hoy en día. Esto responde a varias razones: en primer lugar, el streaming, en el que, claro está, si no se nos proporciona los nombres de los intérpretes y compositores de un álbum, mucho menos va a suceder con un texto que acompañe a esa obra.

Encuentro que otra razón de peso es la realidad de la industria musical, donde cada vez más músicos optan por la auto-producción por una serie de razones que merecerá la pena abordar en un futuro, y muchas veces no se puede o no se sabe completar un álbum con un texto que al menos presente lo que vamos a escuchar. 

Esta carencia de notas en la industria musical resulta muchas veces en la idea del especialista de un oficio antiguo, como algo definitivamente pretérito y casi exótico.

Sin embargo, afortunadamente, las notas de los discos no han desaparecido aún. El hecho de que exista un premio Grammy a las mejores liner notes indica que, efectivamente, son reconocidas como parte importante de un álbum. 

Ira Gitler nació en Brooklyn en 1928: el lugar y la fecha adecuadas para estar en el meollo del jazz; porque no sólo contó el jazz, sino que lo vivió con pasión y devoción. Se mimetizó en la música y en quienes la creaban.

En este tiempo nuestro en el que se confunde la crítica con la promoción y la divulgación con la hipérbole es más necesario que nunca reivindicar el trabajo de los profesionales en peligro de extinción; estos logógrafos del jazz: testigos comprometidos con un trabajo honesto, guiados por la sensibilidad y el respeto necesarios para el desempeño de este trabajo.






Gitler vio nacer y desarrollarse el bebop y el hard bop, los dos lenguajes musicales que más amó y mejor conoció. Es lo que tiene prestar atención a cómo se va hilando la historia, porque aquel joven estudiante que escribía sobre jazz y hockey en la universidad no imaginaba que sería nombrado NEA Jazz Master tras una vida de pertenencia a la comunidad jazzística: su interacción con los músicos, sus textos en diversas publicaciones, sus libros (Jazz Masters of the ’40sSwing to Bop)... y sus cientos de notas para discos.



Notas de Ira Gitler para Soultrane



Esa cualidad de atención hizo que hacia 1958 reconociera que la técnica que había alcanzado John Coltrane necesitara una denominación específica, de modo que cuando escribió las notas para Soultrane acuñó para la historia el término Sheets of sound para describir ese efecto de capas de sonido que creó Coltrane.

Fue su hijo Fitz quien me confirmó el fallecimiento de Gitler hace unos días con estas palabras: "Ahora esta absorbiéndolo todo, sentado en el gran club del jazz en el cielo".

No puede ser de otra manera.





© Mirian Arbalejo










lunes, 4 de febrero de 2019

Más Sobre Mujeres en el Jazz: Una lista musical



Los que me acompañáis desde hace años conocéis ya los grandes clásicos del tema; frases expresadas tan ricamente con las que he tenido que lidiar a menudo:


«Pero eso del jazz, ¿no es de tíos?»

«Pues para ser una mujer toca bastante bien»

«Sé que hay una mujer que toca bien pero no recuerdo el nombre»


El diálogo más reciente al respecto fue tal que así:


—Qué pena que las mujeres no se animen [a tocar jazz].

—Hay muchas mujeres que crean jazz de altísimo nivel.

—Pero no me refiero a las cantantes.



Queridas vocalistas de jazz, no sé muy bien en qué categoría entráis para mi interlocutor y, sinceramente, no estuve interesada en preguntarlo.


Este dislate sobre la realidad musical es por desgracia común. También es anacrónico, incierto y agraviante. Es un tema que he visitado a menudo y en el que he tomado medidas activas. Pero, obviamente, es trabajo de muchos alcanzar una cierta normalidad en este asunto. (Tengo un artículo extenso en el que estudio varios hechos a mi entender significativos y reflexiono sobre ellos, pero, visto lo visto, estoy dudando si traducirlo al inglés o tratar de publicarlo aquí en España. Aún no lo he decidido).

En cualquier caso, durante el último pequeño diálogo al que me refería antes, se me hizo tedioso mover la musculatura facial, y me preguntaba si no habría una forma más rápida de lidiar con esta escena del día de la marmota.

Se me ocurrió que quizá exponer esa música tendría mucho más poder que cualquiera de mis palabras.

Dicho esto, una vez decidido que iba a crear un lista musical, dudé mucho qué plataforma elegir. 

Y aunque Spotify es una de las que peor comportamiento tiene con el músico, resulta que es la que más escucháis. Ojalá descubráis algún disco que os hechice en esta lista y os decidáis por haceros con una copia (¡no dudéis en contarlo si sucede!)









Las característiscas y limitaciones pueden reducirse en lo siguiente:


  • Es una lista en desarrollo. Se publica con unos 200 temas que irán creciendo.
  • La música incluida es reciente. Dudé en hacerla desde el comienzo del jazz, pero, por un lado, trasciende el propósito específico en este caso, y, por otro, no me resultaría por desgracia factible sin dedicarle al menos un año de mi vida. Es además inviable en Spotify, que busca otras cosas, y no se trataría ni de música inminente ni para un público ingente.
  • Puede que os sorprenda no encontrar ciertos nombres. Recordad que la lista se irá ampliando pero, por ejemplo, no hallaréis a la maestra Maria Schneider porque es elección suya no compartir sus discos en Spotify. 


En cuanto al título de la lista, he optado por "pulsus" porque me gusta su doble sentido de pulso, latido / impulso. Quería además evitar un título que la acotara como algo protagónicamente femenino, y no porque no sea importante, sino porque quiero que quede claro que lo catégorico es su música. Si alguien llega a esta lista casualmente encontrará eso, buena música. Creo que sólo a partir de este hecho puede venir la reflexión.




© Mirian Arbalejo