jueves, 7 de marzo de 2019

Mujeres (una perspectiva histórica) y Música (un presente adverso)








«De entre todo cuanto posee aliento y raciocinio, las mujeres somos la criatura más desgraciada»




Resulta un reto estimulante que el lector trate de ubicar temporalmente la autoría de esta frase sin dar un contexto. ¿Exagerada? ¿Acertada? ¿Depende?


Efectivamente, el contexto importa: da profundidad y sentido.


Esta confesión sale de los labios de Medea en la versión de Eurípides. Fue escrita en el siglo V a. C.

Medea es posiblemente la tragedia «de la venganza» por excelencia, pero no es en absoluto la única temática de peso que trata. De hecho, muy a menudo se olvida que la semilla de la tragedia es un sentimiento que se compartirá en todas y cada una de las tragedias (y comedias) clásicas protagonizadas por mujeres: la frustración.


La capacidad artística y humana de describir esta frustración hace 2.500 años es abrumadora: frustradas las mujeres troyanas, tratadas como botín de guerra; frustrada Antígona por la injusticia y el abuso de poder; Clitemnestra, convirtiendo la frustración en despecho y venganza; Lisístrata, hastiada del impuesto papel a las mujeres…


El arte es siempre reflejo de las realidades humanas, y esa mímesis de la vida y el género trágico es evidente para Aristóteles en su Poética. Las complejas y diversas situaciones a que una mujer se enfrentaba en la Grecia clásica dependiendo de la polis en que le tocara vivir, su nacimiento y limitada capacidad de decisión se ha transmitido con claridad. Como en toda época, conocemos los nombres de aquellas que desafiaron lo establecido o que debido a su origen podían ponerse el mundo por montera —valga el anacronismo— pero serán las excepciones a la norma.


Para trascender esta realidad hay que recurrir a la mitología, que sí ofrece un panteón de deidades femeninas que en ocasiones lograban alcanzar la realización, la capacidad de decisión y el uso del poder.


En Artemisa (la Diana latina), diosa cazadora, se han inspirado siete mujeres que lideran sus propios grupos de jazz; profesionales del más alto nivel que han formado el septeto Artemis. Se trata nada menos que de Cécile McLorin Salvant (voz), Anat Cohen (clarinete), Melissa Aldana (saxo), Ingrid Jensen (trompeta), Noriko Ueda (contrabajo), Allison Miller (batería) y Renee Rosnes (piano y dirección artística). Si sus trabajos como líderes son espectaculares, este grupo se acerca a lo artísticamente trascendental, de modo que responder al nombre de una deidad, aunque buscando otra lectura, es ciertamente acertado para el oyente. De hecho, para cualquier mujer involucrada profesionalmente en el mundo del jazz este tipo de logro y reconocimiento público roza prácticamente la categoría de milagro.


Hace un par de años conocimos esta misma formación en algunos festivales con el nombre Woman to Woman. ¿Era condescendiente esta definición? Sin duda: nos sentiríamos descolocados si grandes músicos hombres presentaran una agrupación llamada Man to Man y que esta expresión no se refiriese al proyecto sino a su género sexual. ¿Era un paso necesario? Posiblemente. Es de suponer, al menos basándonos en razones estadísticas, que esta música excepcional consiguiera el interés y la reflexión de muchos respecto a la atención que recibe la música hecha por grandes intérpretes que no son hombres, a las programaciones de los festivales y, con suerte, al desempeño de la profesión en todos sus campos.


Pese a ello, Artemis es una excepción. Si los proyectos liderados por mujeres raramente son promocionados como un evento prioritario en un escenario, que uno formado en su totalidad por músicas llegue a hacerlo no debería responder a una curiosidad del público que no estuviera basada en razones artísticas. En una entrevista a NPR, el grupo se pregunta exactamente eso: si llegará el día en que el comentario que venga de fuera del escenario no sea ese sorprendido «oh, son todas mujeres». Y es cierto. No nos llama la atención un grupo de hombres tocando.

Las razones por las que las mujeres encuentran escollos en su proyección profesional son una mezcla de la realidad externa (el tiempo y lugar que les ha tocado vivir) e intrínseca (con las llamativas variables de cada entorno en el mundo del jazz).


Han pasado más de treinta años y la pianista y compositora Renee Rosnes no olvida que cuando hizo su debut en el cuarteto de Joe Henderson, en la reseña del New York Times el autor hizo una referencia a Rosnes: que se había enamorado de ella; desgraciadamente no se refería a un sentido artístico.


Esta incapacidad de ver lo evidente aún existe; la de estar ante un hombre y reconocer al artista pero hacer una distinción sexual cuando la artista es una mujer.


En España sucede además una circunstancia tristemente irónica: la de tratarse un país que, con honrosas excepciones, desatiende el jazz en cada una de sus manifestaciones pero es la cuna de numerosos artistas, mujeres y hombres, de calidad extraordinaria.


Mucho podríamos hablar sobre los festivales de jazz españoles, pero si queremos hoy centramos en materia de igualdad (igualdad de talento), suspenden todos. Y no, no sucede igual en el resto del planeta. ¿Cuántas intérpretes y compositoras extraordinarias consiguen que sus proyectos sean protagonistas en los carteles de los festivales de jazz de nuestro país? Raro es que llegue al 8%. Y la norma son cifras peores.


En esta realidad encontré necesario pedir un encuentro con el festival de jazz de mi ciudad, Madrid, para conversar sobre logros y yerros en materia de igualdad. En su representante, Concha Hernández, encontré un interlocutora interesada y comprometida que me ayudó a llenar ciertas lagunas que debemos tener en cuenta. Probablemente la más importante de todas sea la irónica cuestión de que existe una Ley de Igualdad que no se cumple.


Por mi parte quise compartir dos herramientas a las que desearía que recurriéramos.


La primera es KEYCHANGE, una iniciativa internacional que busca que el talento musical no reciba discriminación. Su meta es lograr que en los festivales y eventos musicales la presencia de artistas de diferente sexo sea la misma. El listado de organizaciones comprometidas es realmente remarcable: desde los Proms de la BBC hasta el BIME. Sí, él es uno de los eventos musicales españoles que han decidido formar parte de KEYCHANGE; y el listado de los festivales de jazz de otros países conforma un porcentaje apabullante. Algunos ejemplos: EFG London Jazz Festival, NYC Winter Jazzfest, Jazz i parken, Jazzfest Berlin Manchester Jazz Festival, Cheltenham Jazz Festival, Enjoy Jazz, Umeå Jazz Festival y un largo etcétera.









La otra herramienta es el colectivo We Have Voice, sobre cuyo código de conducta ya he escrito en más de una ocasión. Resulta llamativo que se reivindique algo tan sencillo como la creación de entornos de trabajo más justos y más seguros, promoviendo un compromiso que debería ser la norma: igualdad y seguridad para el desarrollo de las artes en todas sus expresiones; la artística, por supuesto, pero también la gestión, la curación o divulgación, por nombrar otras facetas que merecen atención urgente, pero el hecho de que haga falta llevarlo a cabo es realmente la reflexión más importante de todas

A fecha de la publicación de este artículo ningún festival de jazz español forma aún parte de estas iniciativas.


He rectificado más veces de las que me hacen sentir cómoda las trasnochadas e irreales aseveraciones de que no hay casi mujeres en mundo del jazz (o directamente que el jazz no es un mundo para mujeres). Esto, claro está, nunca lo he escuchado de ninguna persona involucrada activamente en este mundo; sin embargo la idea sigue fuera de él.

Así que hoy vuelvo a invitaros a que penséis en vuestra compositora favorita y en la intérprete: la instrumentista, la vocalista, la multiinstrumentista. En la arreglista, la docente, la crítica, la locutora, la divulgadora, la fotógrafa... En todas y cada una de las figuras de un caleidoscopio que anhela una imagen de normalidad, de búsqueda de la belleza y abandono de la frustración.







Texto y traducción del griego © Mirian Arbalejo





domingo, 3 de marzo de 2019

Ira Gitler, testigo de excepción



Ira Gitler con Dexter Gordon (© Mary Jo Schwalbach Gitler)


Da igual cuántos libros haya leído sobre jazz, estoy convencida de que he aprendido mucho más con las notas de los discos. Es agridulce pensar en ellas, en esas palabras que acompañaban una obra musical y le daban contexto, nos empujaban hacia una experiencia mejor, formaban, informaban, completaban... 

Raro es encontrar un disco con notas hoy en día. Esto responde a varias razones: en primer lugar, el streaming, en el que, claro está, si no se nos proporciona los nombres de los intérpretes y compositores de un álbum, mucho menos va a suceder con un texto que acompañe a esa obra.

Encuentro que otra razón de peso es la realidad de la industria musical, donde cada vez más músicos optan por la auto-producción por una serie de razones que merecerá la pena abordar en un futuro, y muchas veces no se puede o no se sabe completar un álbum con un texto que al menos presente lo que vamos a escuchar. 

Esta carencia de notas en la industria musical resulta muchas veces en la idea del especialista de un oficio antiguo, como algo definitivamente pretérito y casi exótico.

Sin embargo, afortunadamente, las notas de los discos no han desaparecido aún. El hecho de que exista un premio Grammy a las mejores liner notes indica que, efectivamente, son reconocidas como parte importante de un álbum. 

Ira Gitler nació en Brooklyn en 1928: el lugar y la fecha adecuadas para estar en el meollo del jazz; porque no sólo contó el jazz, sino que lo vivió con pasión y devoción. Se mimetizó en la música y en quienes la creaban.

En este tiempo nuestro en el que se confunde la crítica con la promoción y la divulgación con la hipérbole es más necesario que nunca reivindicar el trabajo de los profesionales en peligro de extinción; estos logógrafos del jazz: testigos comprometidos con un trabajo honesto, guiados por la sensibilidad y el respeto necesarios para el desempeño de este trabajo.






Gitler vio nacer y desarrollarse el bebop y el hard bop, los dos lenguajes musicales que más amó y mejor conoció. Es lo que tiene prestar atención a cómo se va hilando la historia, porque aquel joven estudiante que escribía sobre jazz y hockey en la universidad no imaginaba que sería nombrado NEA Jazz Master tras una vida de pertenencia a la comunidad jazzística: su interacción con los músicos, sus textos en diversas publicaciones, sus libros (Jazz Masters of the ’40sSwing to Bop)... y sus cientos de notas para discos.



Notas de Ira Gitler para Soultrane



Esa cualidad de atención hizo que hacia 1958 reconociera que la técnica que había alcanzado John Coltrane necesitara una denominación específica, de modo que cuando escribió las notas para Soultrane acuñó para la historia el término Sheets of sound para describir ese efecto de capas de sonido que creó Coltrane.

Fue su hijo Fitz quien me confirmó el fallecimiento de Gitler hace unos días con estas palabras: "Ahora esta absorbiéndolo todo, sentado en el gran club del jazz en el cielo".

No puede ser de otra manera.





© Mirian Arbalejo










lunes, 4 de febrero de 2019

Más Sobre Mujeres en el Jazz: Una lista musical



Los que me acompañáis desde hace años conocéis ya los grandes clásicos del tema; frases expresadas tan ricamente con las que he tenido que lidiar a menudo:


«Pero eso del jazz, ¿no es de tíos?»

«Pues para ser una mujer toca bastante bien»

«Sé que hay una mujer que toca bien pero no recuerdo el nombre»


El diálogo más reciente al respecto fue tal que así:


—Qué pena que las mujeres no se animen [a tocar jazz].

—Hay muchas mujeres que crean jazz de altísimo nivel.

—Pero no me refiero a las cantantes.



Queridas vocalistas de jazz, no sé muy bien en qué categoría entráis para mi interlocutor y, sinceramente, no estuve interesada en preguntarlo.


Este dislate sobre la realidad musical es por desgracia común. También es anacrónico, incierto y agraviante. Es un tema que he visitado a menudo y en el que he tomado medidas activas. Pero, obviamente, es trabajo de muchos alcanzar una cierta normalidad en este asunto. (Tengo un artículo extenso en el que estudio varios hechos a mi entender significativos y reflexiono sobre ellos, pero, visto lo visto, estoy dudando si traducirlo al inglés o tratar de publicarlo aquí en España. Aún no lo he decidido).

En cualquier caso, durante el último pequeño diálogo al que me refería antes, se me hizo tedioso mover la musculatura facial, y me preguntaba si no habría una forma más rápida de lidiar con esta escena del día de la marmota.

Se me ocurrió que quizá exponer esa música tendría mucho más poder que cualquiera de mis palabras.

Dicho esto, una vez decidido que iba a crear un lista musical, dudé mucho qué plataforma elegir. 

Y aunque Spotify es una de las que peor comportamiento tiene con el músico, resulta que es la que más escucháis. Ojalá descubráis algún disco que os hechice en esta lista y os decidáis por haceros con una copia (¡no dudéis en contarlo si sucede!)









Las característiscas y limitaciones pueden reducirse en lo siguiente:


  • Es una lista en desarrollo. Se publica con unos 200 temas que irán creciendo.
  • La música incluida es reciente. Dudé en hacerla desde el comienzo del jazz, pero, por un lado, trasciende el propósito específico en este caso, y, por otro, no me resultaría por desgracia factible sin dedicarle al menos un año de mi vida. Es además inviable en Spotify, que busca otras cosas, y no se trataría ni de música inminente ni para un público ingente.
  • Puede que os sorprenda no encontrar ciertos nombres. Recordad que la lista se irá ampliando pero, por ejemplo, no hallaréis a la maestra Maria Schneider porque es elección suya no compartir sus discos en Spotify. 


En cuanto al título de la lista, he optado por "pulsus" porque me gusta su doble sentido de pulso, latido / impulso. Quería además evitar un título que la acotara como algo protagónicamente femenino, y no porque no sea importante, sino porque quiero que quede claro que lo catégorico es su música. Si alguien llega a esta lista casualmente encontrará eso, buena música. Creo que sólo a partir de este hecho puede venir la reflexión.




© Mirian Arbalejo









lunes, 31 de diciembre de 2018

20 Buenos Discos de 2018



Del privilegio que supone haber escuchado tanta música valiosa, emocionante, atrevida, salvada de unas cajas o revelada en pleno insomnio, la única frustración que nos queda a quienes la devoramos es la certeza de que jamás podremos escuchar todos y cada uno de los discos creados a lo largo del año en el planeta. Es una de las razones por las que esta ya tradicional lista que publico el último día del año no lleva el familiar título de "los mejores discos del años". Son mis favoritos de entre algunos centenares. Tanta música de calidad llega a mí cada año... Ojala existiera la posibilidad de hablar de toda.

Comenzaba 2018 con un disco en mis manos: Love, Time and Divination, del cuarteto de Nueva Orleans liderado por el trombonista Mark McGrain. Un disco que resultó siendo realmente significativo y lúcido en su título respecto a lo que estaba por venir: un encuentro entre la tradición y el presente, una apuesta por sacar adelante un trabajo en que el músico cree. 

Cada vez más discos que llegan a esta lista son autoproducidos; es un tema importante que merece ser tratado con extensión en otra ocasión.

El último disco que he escuchado publicado en 2018 ha sido Carta Blanca (UnderPool), disco debut del cuarteto de Marc Cuevas, que encuentra con acierto nuevos caminos para transmitir. Una música real a la que volver a menudo. Sólida, inventiva.


Aquí tenéis una pequeña selección de mis discos favoritos de 2018.
[*Nota: mi aportación a la Francis Davis / NPR's Jazz Critics Poll consistía, como la del resto de los críticos, en 10 discos. Es un absoluto alivio no acotarme aquí a un número]




***






Both Directions At Once. John Coltrane. (Impulse!)  

Habría sido interesante que hubiéramos escuchado esta sesión de grabación sin conocer el autor. Seguro que nos habríamos ahorrado conversaciones fatuas para pasar a lo importante: música extraordinaria publicada en 2018. Ya nos lo dijo Dave Liebman: la edición de este álbum "es como encontrar una ópera de Mozart en el techo de alguien". Estas dos direcciones a un mismo tiempo nos hablan de la música que había hecho Coltrane y nos deja vislumbrar lo que habría venido en su futuro. Por supuesto también desgrana esa realidad suya: la del instrumentista visceral y el músico que trasciende lo corporal.




Close Up. Sara Serpa. (Clean Feed Records)

La música creada en Close Up, el último trabajo de la vocalista y compositora Sara Serpa junto con Ingrid Laubrock (saxofones) y Erik Friedlander (violonchelo), no existe únicamente para ser escuchada, sino, posiblemente en mayor medida, para ser enfrentada.Toda esta bendita y maldita pureza la intentaremos asumir a lo largo de un sendero pleno en riqueza y conmovedor en matices.







CODE GIRL. Mary Halvorson. (Firehouse 12 Records)

De las numerosas virtudes que posee esta artista, la capacidad de sorpresa es una de las más valiosas, y, aunque el listón lo ponía difícil, con CODE GIRL ha logrado asombrarnos aún más. Extraordinaria guitarrista, singular letrista y ávida creadora... con Halvorson siempre estaremos deseando saber en qué consistirá la próxima parada.








DORAVANTE. Abe Rábade Trío. (Nuba + Karonte Records) 

Otra diapositiva cegadora en matices proyectada en la alegoría musical que es la carrera del creador Rábade y su trío. Un trío que es como una criatura mitológica: con partes de diferentes seres pero realmente conformando uno solo. Ese es el nivel de entendimiento y capacidad de creación. Por cualquier sendero, por cualquier género.







Emanon. Wayne Shorter. (Blue Note Records)

Durante tres discos (y una novela gráfica), Shorter interpreta con su cuarteto habitual (Danilo Perez, John Patitucci y Brian Blade) y la ocasional inclusión de la Orpheus Chamber Orchestra una obra que nos sigue apuntando al tremendo valor compositivo de esta leyenda del jazz.








En Dag I Oktober. Hvalfugl. (Hvalfugl Music)

Tras su hermoso By, Hvalfugl graba esta suite (primera entrega de los hasta ahora 4 capítulos publicados). Realmente se trata de un ensayo grabado en una cabaña, donde aúnan la tradición escandinava y la improvisación.









Kennedy Meets Gershwin. Nigel Kennedy. (Warner Classics) 

Ha sido una fantástica sorpresa encontrar jazz en los dominios habituales de otras músicas. Tal es el caso del violinista Nigel Kennedy, que demuestra que puede hablar perfectamente el lenguaje del jazz (cosa, por cierto, no demasiado común en música clasica) y dejar ejemplo de cómo se interpreta un estándar de jazz.






Live In HealdsburgAnat Cohen y Fred Hersch. (Anzic Records)  

Este dúo de ensueño... se deshace en la boca, calienta el corazoncito. Por suerte se grabó este directo para no olvidar nunca.










Music IS. Bill Frisell. (OKeh) 

Francamente, pocas palabras podrían aportar una descripción útil a este trabajo superando la realidad de su título. Esto es música y esto es la música, en toda su simpleza y complejidad. Por fin volvemos a tener un disco en la soledad plena y repleta de confesiones de Bill Frisell, uno de los músicos más sorprendentes y optimistas de nuestro tiempo, un intérprete con una capacidad especial para captar la belleza y hacérnosla llegar. Un regalo de disco.







Origami Harvest.  Ambrose Akinmusire. (Blue Note Records) 

Aquí está. Un ejemplo vivo de por qué algunos remárcabamos en los últimos años que había que prestar atención al hip hop; era por esto, porque no íbamos a tardar en identificarlo como una pieza básica en discos como Origami Harvest, donde este género es parte del engranaje de un mensaje artístico emocionante del trompetista y compositor Ambrose Akinmusire, junto con el jazz y la música de cámara.






Seymour Reads The Constitution!. Brad Mehldau Trio. (Nonesuch Records)

Pues... Brad Mehldau soñó que el actor Philip Seymour Hoffman le leía la constitución, y de fondo sonaba una melodía que pudo atrapar cuando despertó. Así nació este disco, uno de los más inolvidables de los últimos años en la discografía de este trío.







Standards In Dublin. Gonzalo del Val with Dave Liebman and Ronan Guilfoyle. (Quadrant Records)

Hay que celebrar una serie de decisiones que Gonzalo del Val llevó a cabo al crear este disco: contar con este trío, seleccionar estos temas, interpretarlos con inteligencia y honestidad, trascender cada uno de ellos para crear un todo, y llevarnos prácticamente de la mano (bueno, sí, de las baquetas) a través de los temas. En Standards In Dublin no hicieron falta segundas tomas, y este dato no sorprende lo más mínimo al escuchar el disco.






Still Dreaming. Joshua Redman, Ron Miles, Scott Colley y Brian Blade (Nonesuch)

Entre generaciones, momentos y tiempos discurre Still Dreaming, título inspirado en la que fue banda de Dewey Redman, Old and New Dreams, hace más de tres décadas. Homenaje al padre pero sobre todo al músico (a los músicos fuera de serie), al sendero que une, avanza y, definitivamente, lleva a lugares de recogimiento y asombro.






Temporary Kings. Mark Turner e Ethan Iverson. (ECM)

Dos de Los creadores de jazz más lúcidos de su generación eligen la novela de Anthony Powel para dar título a este disco en el que saxo y piano conversan, confiesan y, sobre todo, figuran —en el sentido etimológico de la palabra, además—. Pero si presenta un valor más allá de la interpretación, este se encuentra, sin duda, en las composiciones: el definitivo camino de baldosas amarillas de este álbum.





The Influencing Machine. Elliot Galvin. (Edition Records)

Todo puede suceder en The Influencing Machine. Y así debe ser. Máxime cuando el título nos lleva a la figura de James Tilly Matthews, empresario de té del siglo XVIII, doble agente y primer caso documentado de esquizofrenia paranoide. Su convencimiento era que su vida estaba siendo controlada por máquinas. Un trabajo brillante del trío de Galvin, que reflexiona sobre nuestra naturaleza y la de nuestro mundo con las herramientas precisas y el discurso más honesto. Una de las obras definitivas de 2018 y de lo que llevamos de siglo.





The Other Side Of Air. Myra Melford's Snowy Egret. (Firehouse 12 Records)

La libertad de The Other Side of Air, su delicadeza y sensibilidad no deben hacernos perder de vista la fortaleza y valentía musical que la formación de la pianista Myra Melford desata en este trabajo, que nos lleva a límites armónicos y melódicos donde no se han recibido aún demasiadas visitas desde la pérdida de nuestros estilistas más personales.







The Window. Cecile McLorin Salvant. (Mack Avenue) 

El disco más valioso de McLorin Salvant hasta la fecha, lo cual es decirlo todo. Se podría escribir un ensayo sólo con el comienzo y el final de The Window. La verdad del directo buceando entre los regalos dejados por Bernstein (uno de los pocos trabajos que han celebrado el centenario de su nacimiento) o Stevie Wonder, con una voz cómoda en cualquier registro, capaz de emocionar e interpretar desde el Tin Pan Alley hasta el lied.





Universal Beings. Makaya McCraven. (International Anthem)

Este doble disco recoge actuaciones del baterista Makaya McCraven en cuatro ciudades, consiguiendo con mayor claridad aún esa conexión con toda música (su nacimiento en París, su ascendencia húngara, su carrera en Chicago, su conocimiento del folclore y del hip-hop...) y, claro está, el valor del ritmo mucho más allá del acompañamiento. Prueba valiosa de ello es el interlazado de patrones e improvisaciones junto al vibráfono de Joel Ross.






Vientos Cruzados. Luis Verde Quartet. (Autoproducción)

El imaginario musical de Luis Verde sigue expandiéndose, y todos los frentes que toca resultan interesantes. Vientos Cruzados es sólo un ejemplo de ello.











WORK. The Complete Compositions of Thelonious Monk. Miles Okazaki. (Autoproducción) 

Escuchar esta filigrana de Okazaki sólo puede hacernos sentir humildad y asombro. Toda la obra de Thelonious Monk en su guitarra y en su manera de hacer música.











© Mirian Arbalejo






sábado, 15 de diciembre de 2018

'Between Places'



Estos últimos meses he estado acordándome de un capítulo de la serie Perdidos (LOST, 2004 - 2010). Su título es “?” y en él aparece una joven que vuelve a la vida tras haberse ahogado. Tiene después una conversación con uno de los personajes principales de la serie (Mr. Eko), haciéndole llegar un mensaje de Yemi, el hermano muerto de Eko, con quien supuestamente se encontró cuando estaba “between places”, o sea, entre sitios; en este caso entre dos mundos: el de los vivos y el de los muertos.


Between places es la respuesta que podría dar básicamente a cualquier pregunta relacionada con cualquiera de mis aventuras y desventuras; sospecho que muchos de vosotros os veréis identificados con la expresión.


Yuuko muy "between places" y mucho "between places". @CLAMP



Una de las razones por las que os debía un texto aquí es volver a comunicarme con vosotros tras mi descanso en redes sociales (que, por cierto, son el paradigma del “entre lugares”: ni son la realidad ni dejan de reflejarla). Por ahora Facebook sigue autovetado por la montaña de tropelías en la satrapía Zuckerberg; supongo que cuando deje de estar entre tanto “between places” podré enfocarme en el bonito (y altamente añorado) mundo de lo trivial.


Pero enfoquémonos en el tablero del jazz.


En el mes de noviembre tuve una reunión formal con el Festival Internacional de Jazz de Madrid (JazzMadrid18). Por numerosas razones que sería fascinante y productivo analizar con interlocutores adecuados, la mayoría de los festivales de jazz nacionales suspenden estrepitosamente en cuestión de igualdad; la de género se lleva la mención de honor. El de Madrid es sólo un ejemplo, pero es el ejemplo que ofrece mi ciudad. Si añadimos el hecho de que (como debe ser) cuenta con fondos públicos, esta realidad es aún más enrevesada. Cuando además escribir sobre ello no es suficiente, las únicas dos opciones que quedan son dejarlo estar o pasar a la acción. En esta edición, el festival se congratulaba de tener en cartel un 30% de mujeres. Pero este dato no se refiere a mujeres con proyectos y agrupaciones propias, pues entonces lo situaría muy por debajo de un lacerante 10%. Por otro lado, la ausencia total de mujeres en las conferencias volvía a ser una constante del festival (8 ponentes: 8 hombres, 0 mujeres).


De modo que en mi personal matrioshka de los muchos “entre lugares” en aquel momento, este específico conflicto pendular se dividía entre “¿tengo tiempo para hacer esto, ganas de conversar sobre esta evidencia sonrojante y capacidad de reorganizar los proyectos que tendré que dejar durante la preparación, duración y conclusión de este encuentro?” No. “¿Puedo NO hacerlo?” No.


No había opción mejor, pero la segunda resultó definitiva.


Considero que mereció la pena apostar por la reunión, aunque realmente no lo sabremos hasta que conozcamos el cartel de #JazzMadrid19. Encontré una interlocutora (Concha Hernández) interesada en las propuestas: herramientas al alcance de cualquiera de nuestros festivales de jazz que, por alguna razón (de nuevo, insisto en que sería conveniente analizar esta realidad. Ojalá lo hiciéramos con ponentes adecuados y en un marco público), están siendo ignoradas. Y es importante decir que esto no sucede fuera de nuestras fronteras.


Sobre esta reunión leeréis con más profundidad en un artículo que he preparado para otra publicación pero no quiero dejar de resaltar dos de estas propuestas básicas, que aquí dejo para consideración de festivales, clubes, sellos discográficos, prensa especializada —la poca que queda al menos—, promotoras y demás piezas de nuestro engranaje.


La primera de ellas es KEYCHANGE: una iniciativa internacional que busca que el talento musical no reciba discriminación. Su meta es que en los festivales y eventos musicales la presencia de artistas de diferente sexo sea la misma. El listado de organizaciones comprometidas es realmente remarcable: desde los Proms de la BBC hasta el BIME. Sí, él es uno de los eventos musicales españoles que han decidido formar parte de KEYCHANGE; sin embargo ninguno de nuestros festivales de jazz lo hace aún pese a que el listado de los de otros países conforma un porcentaje apabullante: EFG London Jazz Festival, NYC Winter Jazzfest, Jazz i parken, Jazzfest Berlin Manchester Jazz Festival, Cheltenham Jazz Festival, Enjoy Jazz, Umeå Jazz Festival y un largo etcétera.


Otra herramienta (que vosotros, queridos lectores, ya conocéis) es el código del colectivo We Have Voice, del que he escrito en más de una ocasión.


Este hilar entre realidades, lecturas, hechos, intenciones y potenciales es más agotador de lo que soy capaz de reflejar. Quizá sea de utilidad lo siguiente.

Mientras esto sucedía, el crítico de jazz Francis Davis se ponía en contacto conmigo para invitarme a formar parte de la Jazz Critics poll de NPR (la radio pública de EE UU). Cada año, este grupo de críticos publica una lista con los mejores discos de jazz del año. La selección de los críticos que conforman este claustro (mis héroes. Los autores de los libros que están en mis estanterías) es lo que convierte esta lista en la más influyente. Por primera vez se ha contado con una persona de la crítica de nuestro país, lo cual es una buena noticia. A nivel personal ha sido además una experiencia que me ha proporcionado algo que valoro mucho: el intercambio de conversaciones estimulantes.


Todo lo anterior me crea una extraña mezcla de vértigo, responsabilidad y propósito.


Sabéis que llevo ya mucho tiempo haciendo la selección de mis discos favoritos del año y el hecho de formar parte de este club no cambiará la mecánica. El 31 de diciembre seguiréis encontrando aquí mi lista. Sí existen algunas especificaciones que influirán en que mi selección para NPR no coincida con la de fin de año.


En primer lugar, mi recopilación en It Don’t Mean A Thing comprende el año natural, mientras que la que publicará NPR la próxima semana abarca los 12 meses entre el festivo de acción de gracias de 2017 y 2018. Por esa razón un disco como Long Haul, de Jessica Lurie, puede ser propuesto para NPR pese a haberlo publicado en la lista de mis discos favoritos de 2017 (el álbum salió a la venta en diciembre del año pasado).

Por otro lado, he de confesar que la parte difícil ha sido reducir el número de trabajos a diez (el año pasado mi listado consistió en 15 y este año encontraréis 20, si es que consigo no ceder a tentación de que sean 25).






Os dejo por hoy. Queda pendiente una extensión de este texto en el que quiero contaros lo que sucede (en mí al menos) cuando un sobre ha terminado de viajar, su dirección de destino es la mía, y al abrirlo contiene un disco. Otro between places, claro está.

Pd: la semana que viene actualizaré este artículo con la publicación de la Francis Davis/NPR's Jazz Critics Poll.

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ACTUALIZACIÓN: Acaba de publicarse la 2018 Francis Davis / NPR Music Jazz Critics Poll.