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Mussorgsky, Strayhorn y las artes plásticas


Tomar una obra artística y transformarla en una pieza que termine correspondiendo a otro arte es un acto tan antiguo como el hombre. Las propias musas han sido pintadas y esculpidas. El arte ha inspirado arte. Y así sigue sucediendo en nuestros días: la literatura se convierte en cine, la pintura y la fotografía flirtean sin cesar, y la música y la poesía en ocasiones se convierten en una sola obra.



En el año 1874 se realizó en San Petersburgo una exposición póstuma con obras del artista y arquitecto Viktor Hartmann, quien tuvo una importancia capital en el estilo arquitectónico ruso —especialmente por influencia  de sus pinturas—.



Proyecto para la Gran Puerta de Kiev, de V. Hartmann [Dominio público]



Su amigo, el compositor Modesto Mussorgsky, quiso plasmar su visita a esa exposición componiendo una suite para piano en la que describía musicalmente varios de los cuadros de Hartmann —la gran mayoría hoy perdidos— y, a un tiempo, transcendía la mera descripción para elevarla a la categoría de una experiencia artística real, pues Cuadros de Una Exposición —en su origen titulada Suite Hartmann no es un mero catálogo de títulos, sino una realidad virtual creada en pleno siglo xɪx que nos permite realizar una visita personalizada a la Academia Imperial de las Artes en San Petersburgo y pasear entre la obra pictórica de Hartmann de una forma extraordinaria e invaluable.






Sin duda Mussorgsky supo hacer reales los versos de Eurípides “ [a aquél] quiero cantar como corona de sus trabajos con elogios”. Afortunadamente, no fue ni el primero ni el único que consiguió esta suerte de sinestesia y capacidad descriptiva.


El 29 de noviembre de 1915 nacía en Dayton (Ohio) William Thomas Strayhorn, Billy Strayhorn para la posteridad; músico, compositor, arreglista, copasetic y, a juzgar por los testimonios de quienes lo trataron, ser humano excepcional, cuyas virtudes han sido ya recordadas a menudo en este blog.


En el año 1941 no sólo Strayhorn se encontraba en una de las etapas más prolíficas de su carrera, sino que una de sus obras más relevantes fue grabada por la orquesta de Duke Ellington.

Chelsea Bridge es un tema definido por el misterio: desde su concepción hasta la naturaleza de la composición deambulan entre lo incierto y lo fascinante.


Tómese como ejemplo aquello que inspiró a Billy Strayhorn para componer y titular el tema: pese a contar con numerosas y fiables fuentes sobre la vida y obra del autor —máxime al tratarse de una de sus composiciones más influyentes y destacadas— no existe consenso sobre la inspiración exacta de la  pieza. En lo único en lo que estudiosos y biógrafos coinciden es en que Chelsea Bridge se compuso basándose en la experiencia del propio Strayhorn al observar un cuadro que representaba el puente de Battersea en Londres.


Según David Hajdu, autor de una biografía de Billy Strayhorn, el compositor se basó en una pintura de James Abbott McNeill Whistler: Nocturne: Blue and Gold - Old Battersea Bridge (c.1872).


Nocturne: Blue and Gold - Old Battersea Bridge, de Whistler
[Dominio público]



Sin embargo, James Lincoln Collier indica en su libro sobre Duke Ellington que se inspiró en un cuadro de Turner, lo cual nos impide considerar descabellado que en realidad pueda referirse a Battersea Bridge, de John Atkinson Grimshaw (1885).

Battersea Bridge, de John Atkinson Grimshaw [Creative Commons]



En cualquier caso sabemos que fue la imagen y la atmósfera que desprendía alguna de esas obras pictóricas lo que llevó a Strayhorn a componer Chelsea Bridge.

El tema, con una introducción a piano decididamente impresionista, combina la música europea —preeminentemente francesa— con arreglos para orquesta en el lenguaje de un jazz altamente sofisticado, elegante en la composición y la interpretación, capaz de producir una sensación envolvente y misteriosa que nos recordará al cine negro hasta tal punto que nos parecerá encontrarnos paseando entre la bruma mientras alzamos el cuello de nuestro abrigo.






Tanto Mussorgsky como Strayhorn marcaron precedente en su interpretación musical de las artes plásticas. De hecho, la cuantía de versiones y adaptaciones de ambas obras es ejemplar. En el caso de Cuadros de una exposición, Rimski-Kórsakov fue el primero de muchos en comenzar a orquestar la obra de Mussorgsky, pero es sin duda la orquestación de Maurice Ravel la más celebrada e interpretada.






En cuanto al tema de Strayhorn, el éxito y reconocimiento de esta composición fue algo más gradual. Chelsea Bridge no fue sólo ganando público, sino especialmente reconocimiento, tanto es así que se ha convertido en un estándar de jazz.





Insólito es el año que no se programa Cuadros de una Exposición en un auditorio importante.

Y con aún mayor regularidad la imagen del brumoso puente de Battersea al atardecer llegará a nuestros sentidos abriéndose paso entre los contornos de los géneros, el tiempo y las dimensiones artísticas.



*Tal día como hoy nació hace 100 años Billy Strayhorn

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