Ir al contenido principal

Estándares de Jazz: 1. 'Lush Life'




I used to visit all the very gay places,
Those come what may places,
Where one relaxes on the axis of the wheel of life
To get the feel of life from jazz and cocktails.


The girls I knew had sad and sullen gray faces
With distingué traces that used to be there
You could see where they'd been washed away
By too many through the day. Twelve o'clock tales.


Then you came along with your siren song
To tempt me to madness.


I thought for awhile that your poignant smile
Was tinged with the sadness of a great love for me.
Ah yes, I was wrong.  
Again I was wrong.
Life is lonely again
and only last year everything seemed so sure.


Now life is awful again
a trough full of hearts could only be a bore.


A week in Paris could ease the bite of it.
All I care is to smile in spite of it.


I'll forget you, I will
While yet you are still burning inside my brain.


Romance is mush stifling those who strive
I'll live a lush life in some small dive.


And there I'll be, while I rot with the rest
Of those whose lives are lonely too.


Cuando una pieza se convierte en estándar de jazz, las razones no son gratuitas. Como indicamos anteriormente en nuestra introducción a este viaje por los estándares que hoy comenzamos, estas causas responden a la atemporalidad, la notoriedad de la pieza o la interpretación desde diferentes aproximaciones. El tema con que abrimos esta serie monográfica sobre estándares de jazz no solo responde a estas características sino que además se trata de uno de los más respetados —en ocasiones venerado y otras temido— y a los que más se sigue recurriendo en la actualidad (en 2014 han publicado versiones de Lush Life artistas tan diversos como Louis Hayes o Lady Gaga).



En Lush Life Billy Strayhorn (Dayton, Ohio, 1915 - Nueva York, 1967) consigue una mezcla de decadencia y sofisticación, de realidad y ensoñación, de romance y desamor, sin que ninguno de estos contrastes caigan en la paradoja ni puedan parecerle ajenos a oyente alguno. Porque, si existe un leitmotiv claro en la pieza, es la dualidad, que comienza, claro está, con una verdadera unión entre el trabajo musical y el literario, sin que sea posible concebir el uno sin el otro. Tanto la letra como la melodía de Lush Life son dos hilos que han sido tejidos para formar un retal definitivo, de modo que la complejidad de la estructura armónica coincide con la original elección en la creación del verso


La dualidad enfrenta la realidad del ser humano y la del músico como una única existencia en la que se yuxtapone la soledad (“life is lonely again”) y la compañía (“with those whose lives are lonely too”), aunque sea esta una cohorte cargada a su vez de soledad.


Las palabras y expresiones a las que Staryhorn aplica la figura —retórica— de la repetición —y no solo como una mera rima a final de verso— son “life”, “places”, “I was wrong” y “again”, lo que remarca la idea de la frustración y a la vez de la identidad del antihéroe que parece encarnar el propio autor.


En este punto hay que aclarar que no tiene sentido concebir esta obra sin tener en cuenta las circunstancias de su creador, pues Billy Strayhorn enfrentó un entorno hostil hacia su realidad: ser un varón de raza negra y homosexual confeso en una época en que la segregación era tan fuerte y la libertad sexual era una asignatura pendiente. La elección de Strayhorn fue vivir su realidad y enfrentar las batallas que vinieran desde ambos flancos con coherencia, dignidad y una dedicación vital a su naturaleza más poderosa: la de músico.


Billy Strayhorn fofografiado por
William P. Gottlieb
Sabiendo esto, las lecturas de muchos de los mensajes que son lanzados no pueden ser categóricas, y de hecho, las ambivalencias en la letra son uno de los puntos que más debate han creado a lo largo de los años. Esta es la razón por la que, en esta ocasión, no se ha optado por acompañar en este análisis una traducción, pues sería imposible ser fiel al original. Ya solo el título (Lush Life) y el primer verso ("I used to visit all the very gay places") están cargados de polisemia y abren una serie de posibilidades que solo consiguen enriquecer el avance y estimular a quien escucha.




El tema va anunciando su final con la misma carga de ambigüedad y conceptos yuxtapuestos: "Romance is mush" (tan lejano ya a aquel deseo de "a great love for me"), "I live a lush life in some small dive"; para cerrar con la certeza de la soledad junto a aquellos que son sus iguales.


Llama poderosamente la atención que Billy Strayhorn contara solo con 16 o 17 años cuando comenzó a componer Lush Life (en un principio titulada Life is lonely) y que un adolescente tuviera el bagaje emocional necesario para escribir este texto y una visión musical tan creativa en una carrera que apenas empezaba a vislumbrarse.
De todas formas, lo más probable es que el tema fuera madurando a la par que el autor. De hecho, Lush Life se considera a menudo una suerte de biografía musical del propio Strayhorn, que durante más de una década sólo interpretaba el tema en privado para pequeños círculos —parece que en alguno de ellos se encontró Duke Ellington cuando decidió contratar a Strays—.


En el año 1948 Lush Life se interpretó por primera vez en público durante un concierto de la orquesta de Duke Ellington en el Carnegie Hall. La pieza fue cantada por Kay Davis acompañada por el propio Strayhorn al piano.




La primera versión que alcanzó popularidad fue la de Nat King Cole, pero su enfoque musical desde una orquestación latino-comercial y su interpretación de la letra —la sensación de escuchar a un narrador que sonríe en todo momento en un tema con breves momentos que realmente puedan justificarlo— disgustó a Strayhorn, que, pese a su naturaleza introspectiva, llamó al cantante para comunicarle su rechazo a una versión errada en quizá demasiados aspectos.


Al año siguiente (unos 16 después de que el tema existiera) el autor registró por fin la partitura (en Tempo Music, que pertenecía a Ellington).


Lush Life se consideraba una pieza eminentemente vocal, pero muchas de las versiones que han sido narradas por un vocalista han fallado. De hecho, es más fácil encontrar buenas versiones del tema entre instrumentistas pese a la dificultad de transmitir el mensaje sin palabras. Algunas de estas aproximaciones se han realizado además desde la introspección de un instrumento solo, reconociendo quizá el carácter autobiográfico que parece inspirar el tema de Billy Strayhorn. El hombre enfrentado a él mismo, y el músico ante su reflejo, eso es lo que encontramos en el Lush Life que interpreta Joe Henderson sin más compañía que su saxo. También Tete Montoliu supo descifrar el enigma en solitario (y en compañía). En otros casos el instrumento en sí limitaba la formación, pero eso no evitó que el baterista Philly Joe Jones fuera uno de los intérpretes que mejor narró Lush Life desde la sección rítmica.
John Coltrane ha sido una de las figuras que mayor devoción ha mostrado por el tema de Strayhorn, tanto en la conocida versión con el vocalista Johnny Hartman como, sobre todo, en su trabajo en sexteto en el disco que tituló como el estándar que nos ocupa y que aún hoy supone un referente de cómo interpretar un estándar.






Por supuesto, Stan Getz y su toque único a la hora de interpretar una balada es otro ejemplo de saber hacer y saber contar.


Otras versiones instrumentales a tener en cuenta, además de las propias de Billy Strayhorn, son las de Russ Freeman y Chet Baker, Archie Shepp, Gene Ammons, McCoy Tynner, Stanley Sagov y Larry Coryell, Klaus Weiss y Clifford Jordan, Alex Bugnon, Anthony Braxton, Jim Mullen, Chick Corea, Peter Hazeltine, Bud Powell, Ernie Watts, Heinz Sauer y Bob Degen, George Arvanitas Trio, Bud Powell, Frank Rosolino, Bobby Timmons, Louis Hayes o Renee Rosnes y Lewis Nash.


También es destacable la versión del polifacético Russell Garcia, en esta ocasión arreglando el tema para His Four Trombone Band. Y de ahí a la big band sólo hay un paso; así sucede con las versiones de Bill Holman, Harry James o Al Porcino; este último supo además recrear la sofisticación innata al tema con gran acierto.




Lush Life es un reto para un cantante pero puede terminar convirtiéndose en un escollo si el enfoque es erróneo —más adelante analizaremos por qué—.


La pieza también ha sido interpretada por estrellas del soul, como Donna Summer, y del pop, como Queen Latifah o Lady Gaga, y, aunque esta última ha recibido algún cierto apoyo de la crítica (como estas palabras de Marc Myers), lo cierto es que sus aproximaciones al tema de Strayhorn han fallado por una razón de difícil arreglo y que en realidad responde a una causa previa a lo musical. En este brillante artículo de Philip Clark para The Guardian [inglés] se analizan algunos de los puntos sobre por qué las estrellas de pop que están publicando actualmente discos de estándares con la intención de mostrarse como intérpretes de jazz no son capaces ni de lograr comprender lo que es cantar con swing porque es algo que no puede alcanzarse "en semanas, del mismo modo que no puede aprenderse chino de repente".
En el caso que nos ocupa, parece que Lady Gaga al menos ha prestado atención al mensaje y comprende los contrastes en la letra de Lush Life, pero el problema básico sigue estando presente (omnipresente en las versiones de Summer, Latifah y tantos otros): su naturaleza de estrella. La incapacidad de anteponer la canción a la diva. El ego es el dragón que no parece posible matar. Y la necesidad de demostrar que se domina una técnica no se olvida durante la interpretación. Evidentemente, tener tras de ti una big band no te convierte en jazzman. Contar Lush Life es incompatible con presumir de vibrato o mantener un agudo fatuo que no aporta realidad al relato vital que se intenta transmitir. Ése es el problema; realmente no tiene un origen musical, sino conceptual, pero afecta a sus actuaciones desde su concepción hasta su errada interpretación.


Otro error común ha sido intentar transformar el tema sin prestar atención a lo que se tiene negro sobre blanco en la partitura de Strayhorn, de nuevo obviando o puede que, sencillamente, no entendiendo bien la atmósfera que el autor creó con esas armonías y esa letra como un todo. Es normal, por tanto, que la versión de Nat King Cole no gustara a Billy Strayhorn. Diferente y loable es el ejemplo de Frank Sinatra, que hizo un intento con Lush Life y decidió que no retomaría el estándar en lo que ahora es visto casi como un exótico modelo de coherencia.
Esta certeza que vio Sinatra también es clara para Andy Bey, siempre constante y respetuoso con Lush Life. Gran ejemplo de que Bey conoce bien el tema son sus palabras sobre la interpretación del mismo, pues declara a NPR que "no todo el mundo puede cantarla. (...) Tienes que comprender de verdad la historia e intentar mantener la atmósfera; mantener el enfoque". Kurt Elling también comprendió y mostró respeto por un tema importante en su carrera.


Esto no significa que se necesite un vocalista de naturaleza dramática para interpretar Lush Life, al fin y al cabo el requisito básico está implícito en el propio músico y el tipo de vida que ello conlleva, tal y como se describe en la canción. Un ejemplo de ello lo lleva a cabo John Pizzarelli, un músico no precisamente conocido por su interés en el drama sino más bien por sus lúdicas actuaciones, que creó un tema fusionando Drunk on the Moon y Lush Life con total intencionalidad.






A Tony Scott la obsesión por el tema de Strayhorn lo llevó a publicar un disco titulado Lush Life compuesto por diferentes versiones del mismo tema tanto musicales como recitadas, intentando quizá comprender y homenajear a un tiempo un tema que en realidad debería resultar más cercano que su lucha entre el blues, el jazz y una fusión de matices no demasiado “from jazz and cocktails”.


Pese a que la versión de Hartman es para muchos la definitiva, lo cierto es que sin el respaldo de Coltrane sus diversas revisiones del tema no fueron demasiado memorables. Mucho más sugerentes son las interpretaciones de Carmen McRae, Sara Vaughan, Kevin Mahogany (arropado por Elvin Jones), Ella Fitzgerald junto con Oscar Peterson o Joe Pass (y Ángela Cervantes celebrando precisamente esa versión), Len Bryant, Chris Connor, Jeffery Smith, Lita Roza, Billy Eckstine, Julie London o Sammy Davis Jr.







Ya remarcamos en su momento que en Billy Strayhorn encontramos una existencia capaz de llevarnos a esos escenarios personales en los que es posible encontrar lo bello, enfrentar lo triste y transcender lo humano.  Y en Lush Life ese legado sigue latiendo exuberante, decadente, sofisticado, introspectivo, sugerente y profundamente humano.




Comentarios

Entradas populares de este blog

20 Buenos Discos de 2018

Del privilegio que supone haber escuchado tanta música valiosa, emocionante, atrevida, salvada de unas cajas o revelada en pleno insomnio, la única frustración que nos queda a quienes la devoramos es la certeza de que jamás podremos escuchar todos y cada uno de los discos creados a lo largo del año en el planeta. Es una de las razones por las que esta ya tradicional lista que publico el último día del año no lleva el familiar título de "los mejores discos del años". Son mis favoritos de entre algunos centenares. Tanta música de calidad llega a mí cada año... Ojala existiera la posibilidad de hablar de toda.
Comenzaba 2018 con un disco en mis manos: Love, Time and Divination, del cuarteto de Nueva Orleans liderado por el trombonista Mark McGrain. Un disco que resultó siendo realmente significativo y lúcido en su título respecto a lo que estaba por venir: un encuentro entre la tradición y el presente, una apuesta por sacar adelante un trabajo en que el músico cree. 

Cada vez más…

El triunfo de lo mediocre

"Otras cosas ansía tu alma, por otras llora..."Constantino Kavafis


Hace más de 2.500 años, el ser humano aspiraba a la virtud. En Grecia lo denominaban areté. Se trataba de un concepto profundamente arraigado para alcanzar un ideal de ser, de actuar y de llegar a ser.

No es de extrañar que el modelo humano a seguir fuera aquel que consiguiera acercarse e incluso encarnar lo bello y lo bueno (kalós kai agathós), comprendiendo este concepto múltiples facetas personales, sociales y artísticas. La música y el resto de las artes estaban relacionadas con la Filosofía, y, de hecho, poco después Platón completó este canon con su principio metafísico de aspirar a la Idea del Bien.

De modo que nos encontramos ante una sociedad que desea actuar con nobleza, conocer las artes, crear belleza y aspirar al bien. Rara vez se crea arte por complacer a una masa; las artes intentan recrean lo mejor de cuanto rodea al ser humano, ya sea esto físico, sensible o intelectual. No hay que olvidar que l…

'Between Places'

Estos últimos meses he estado acordándome de un capítulo de la serie Perdidos (LOST, 2004 - 2010). Su título es “?” y en él aparece una joven que vuelve a la vida tras haberse ahogado. Tiene después una conversación con uno de los personajes principales de la serie (Mr. Eko), haciéndole llegar un mensaje de Yemi, el hermano muerto de Eko, con quien supuestamente se encontró cuando estaba “between places”, o sea, entre sitios; en este caso entre dos mundos: el de los vivos y el de los muertos.

Between places es la respuesta que podría dar básicamente a cualquier pregunta relacionada con cualquiera de mis aventuras y desventuras; sospecho que muchos de vosotros os veréis identificados con la expresión.




Una de las razones por las que os debía un texto aquí es volver a comunicarme con vosotros tras mi descanso en redes sociales (que, por cierto, son el paradigma del “entre lugares”: ni son la realidad ni dejan de reflejarla). Por ahora Facebook sigue autovetado por la montaña de tropelías e…

Leonard Bernstein y el Jazz (I). Prólogo: '2018, Año Bernstein'

Quincy Jones, 'Giant Steps', Slonimsky y John Coltrane

Supongo que ya todos los presentes están enterados de las tres entrevistas a Quincy Jones que se han publicado en menos de dos semanas. Si no es así (o simplemente os apetece repasarlas) no dejéis de leerlas (por ahora sólo en inglés).






La primera y la tercera han sido publicadas en las ediciones estadounidense y británica de GQ el 29 de enero y 10 de febrero). La segunda entrevista (del 7 de febrero) la encontraréis en la revista Vulture. Esta última tiene la clave para la razón de ser de este artículo que estáis leyendo.
Evidentemente, el material que se ofrece en entrevistas tan extensas a una personalidad locuaz y con tal bagaje musical y vital como Quincy Jones no podía pasar inadvertido. El productor, compositor, arreglista, intérprete, etc, etc, ect ha estado y sigue estando a sus casi 85 años en todos los saraos imaginables y, lo que es aún mejor para nosotros como lectores, en los inimaginables. En ese sentido la entrevista más completa es la que corresponde a la larga charla co…

Leonard Bernstein y el Jazz: Anexo II. 'Bernstein Is On Town Again’. Moisés P. Sánchez Ensemble

«La vida tiene muchas compensaciones» —Leonard Bernstein (carta a David Diamond)
«Una obra no deja de ser una instantánea de la vida de su autor» —Moisés P. Sánchez (conversación personal)






Posiblemente el mayor tesoro que un ser humano puede dejar es un legado. Cuando encontramos que esta herencia es extraordinaria, lo cabal es celebrarlo.

Por eso 2018 no es un año más. No. Es el año Bernstein. Festejamos que un 25 de agosto de 1918 nacía Leonard Bernstein (Louis Bernstein en ese momento), un hombre que dejó un legado humano y, especialmente, musical pleno en riqueza, importancia y atemporalidad.


Uno de los homenajes a este legado ha tenido lugar en Madrid por parte del Moisés P. Sánchez Ensemble dentro del festival Veranos de la Villa. Es importante marcar la peculiaridad de este concierto, en el que no se interpretaron obras del compositor per se, sino que se presentó una composición original inspirada en el caleidoscopio humano y musical que fue Leonard Bernstein. 

Con la obra Bernstein…

Más Sobre Mujeres en el Jazz: Una lista musical

Los que me acompañáis desde hace años conocéis ya los grandes clásicos del tema; frases expresadas tan ricamente con las que he tenido que lidiar a menudo:


«Pero eso del jazz, ¿no es de tíos?»
«Pues para ser una mujer toca bastante bien»
«Sé que hay una mujer que toca bien pero no recuerdo el nombre»

El diálogo más reciente al respecto fue tal que así:


—Qué pena que las mujeres no se animen [a tocar jazz].
—Hay muchas mujeres que crean jazz de altísimo nivel.
—Pero no me refiero a las cantantes.


Queridas vocalistas de jazz, no sé muy bien en qué categoría entráis para mi interlocutor y, sinceramente, no estuve interesada en preguntarlo.


Este dislate sobre la realidad musical es por desgracia común. También es anacrónico, incierto y agraviante. Es un tema que he visitado a menudo y en el que he tomado medidas activas. Pero, obviamente, es trabajo de muchos alcanzar una cierta normalidad en este asunto. (Tengo un artículo extenso en el que estudio varios hechos a mi entender significativos y ref…

El incidente

Nada cautiva más al ser humano que una buena historia. Si ésta resulta además ser verídica, nuestro interés aumenta y también lo hace nuestra inclinación a compartirla con otros. La aún joven historia del jazz ha dejado cientos de anécdotas memorables, muchas de ellas de naturaleza casi cinematográfica: desde el asesinato de un músico por haber bebido un licor envenenado dirigido a otra víctima hasta la composición de una suite y posterior creación de un único ejemplar de un disco de vinilo para conmemorar haber conocido a una persona. Hechos brutales o sublimes, pero hechos humanos en todo caso. Cuando hace unos días hablábamossobre la figura de Juan Tizol en la seriesobre estándares de jazz, se mencionó, a propósito de los contrastes en su biografía y en su carácter, la navaja que a menudo portaba, y tras la referencia que se hizo respecto a un incidente con el contrabajista Charles Mingus, se despertó el interés de algunos lectores.
Tanto Tizol como Mingus fueron hombres de fuerte car…

Estándares de Jazz: 4. 'Caravan'

En ocasiones una decisión que puede en principio parecernos personal, simple y de repercusiones limitadas acaba teniendo un alcance imprevisto.

Imaginemos a un niño nacido en el Puerto Rico de 1900 en el seno de una familia de músicos.

Su tío, Manuel Tizol Márquez, era entonces considerado la figura puertorriqueña más destacada de la música instrumental tanto en el repertorio clásico como en el popular. El pequeño Juan Tizol —según testimonio propio— participaba en la banda de su tío Manuel cuando contaba con tan solo 8 años, y fue posiblemente por aquel entonces cuando tomó una decisión que habría de tener influencia tanto en su carrera como en la evolución de la música americana del siglo XX. La simple pero definitiva elección del pequeño Juan Tizol consistió en dejar el violín para entregarse al trombón de pistones, instrumento al que dedicó el resto de su vida.

En 1920 viajó junto con su orquesta a los EE UU, donde, pese a no conocer el idioma —refiriéndonos con idioma tanto a la len…

Leonard Bernstein y el Jazz (II). El pequeño Lenny

Hay algo al intentar escribir sobre la vida de Leonard Bernstein que recuerda a ese realismo mágico tan presente en los autorelatos de las vidas de Louis Armstrong o Duke Ellington. Y, sí, reconozco el anacronismo aquí pero qué puedo hacer yo si el realismo mágico ya existía en básicamente cada palabra que estos músicos elegían para contar los eventos de sus vidas.


Quede claro que con la fecha de nacimiento este año no se juega; quiero decir con esto que sí, que Armstrong lo hizo, diciendo que había nacido un mes antes para darle un toque romántico porque si le hacíamos caso correspondía al 4 de julio, con lo que, básicamente, aún se celebraría su nacimiento en EE UU con fuegos artificiales. Pero Leonard Bernstein nació un 25 de agosto de 1918. Así sucedió. Sin duda. Estamos celebrando el centenario de su nacimiento en el momento correcto.


De todas formas, en el caso de Bernstein, para encontrar algún ejemplo entre lo real y otras materias, también podemos recurrir a su llegada a este m…