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Crónica: John McLaughlin y The 4th Dimension






Lugar: Festival Noches del Botánico. Real Jardín Botánico Alfonso XIII. Madrid
Fecha: 19 de julio de 2016. 21:30 horas

John McLaughlin y The 4th Dimension

John McLaughlin, guitarra eléctrica
Etienne Mbappe: bajo eléctrico
Gary Husband: teclados, batería
Ranjit Barot: batería y percusión





Quienes seguimos la carrera del músico peculiar que es John McLaughlin disfrutamos de su actuación en Noches del Botánico.


Quienes amamos el jazz nos quedamos en barbecho.


Pero ése es el riesgo de acudir a una cita musical convocada por McLaughlin: un compositor y guitarrista de privativa cepa: pese a que sus padres le hicieron sostener un violín cuando apenas había dejado de gatear, el niño McLaughlin ya se interesaba por el flamenco en una Inglaterra donde era casi imposible escuchar ni medio palo del género. Tuvo más facilidad en conocer el trabajo de músicos como Django Reinhardt y Stéphane Grappelli. Por supuesto, se embebió en el rock y el jazz, y tras colaborar con músicos como Miles Davis, John McLaughlin se convirtió en una figura musical en continua búsqueda. Aún lo es.
Esta circunstancia es además vital, pues el hinduismo de Mahavishnu John McLaughlin no sólo ha tenido gran impacto en su música, sino en su forma de ver el mundo, a sus semejantes y a sí mismo.





Su actual banda, The 4th Dimension, refleja bien ese crisol de culturas y sonidos, bautizando el concierto con los dos instrumentos primigenios, la voz y la percusión, en una polifonía coral a cuatro voces interpretando un scat de fonemas percusivos y raíces orientales.


Con el funk de Little Miss Valley se desarrolló la euforia tanto entre el público como en el propio escenario, en un tema —y perdóneseme el simplismo— eminentemente feliz, que corroboró el gran sonido de la banda y su complicidad.

No faltó el recuerdo a Paco de Lucía, amigo, pareja musical y compañero de batallas de McLaughlin.
Era inevitable que lo tuviera presente, no sólo por estar actuando en España, sino porque además acababa de llegar de Algeciras precisamente de un homenaje al maestro. Interpretó un tema sobre el que ambos guitarristas estuvieron hablando, al parecer con gran entusiasmo, un par de días antes del fallecimiento del tocaor. McLaughlin terminó titulando el tema El Hombre Que Sabía, una pieza de fusión donde el flamenco prevalece.



La noche trajo baladas que se transformaban en rock-fusión, como Gaza, que aportó una percusión inventiva pero que acabó en una cierta desmesura de Gary Husband en los teclados y la batería. Construyó Husband armonías más originales y sosegadas en Panditji, que ofreció alguna de las interpretaciones más hermosas de McLaughlin, muy melódico, melancólico y francamente impecable.


Hijacked fue otro ejemplo de pentagrama en evolución y de trabajo individual y grupal: un teclado de inspiración impresionista nos llevó hasta el bajo de Etienne Mbappe, enfundado en sus guantes negros, aportando un toque de emoción que la guitarra de McLaughlin convirtió en una narración musical tomando el papel de rapsoda de la pieza desde su guitarra certera y límpida, siempre bien arropados por la batería de Ranjit Barot.





Este buen entendimiento entre Mbappe y McLaughlin fue aún más poderoso en Mother Thonge, donde pudimos presenciar uno de los solos de bajo más celebrados de la noche, con una desenvoltura cargada de júbilo y un slap infalible.


Bajo la luna llena de Madrid llegó como regalo el generoso bis doble: You Know, You Know, cuya traducción libre es Muerte por escalas y otros prodigios del señor McLaughlin, y un fin de fiesta que se desarrolló entre capas de géneros y un ambiente envolvente que creó entusiasmo entre un público que abandonó el recinto con una sonrisa marca McLaughlin.




Texto © Mirian Arbalejo
Fotografías © Mirian Arbalejo



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